ALARCOS

"OPPIDUM IBÉRICO - CIUDAD MEDIEVAL"

 

Alarcos conserva vestigios arqueológicos que evidencian la ocupación humana del cerro desde la Edad del Bronce hasta la plena Edad Media, con un largo periodo de despoblación en épocas romana y visigoda. El parque arqueológico tiene una superficie de 33 ha.

El yacimiento se halla en un cerro elevado en la margen izquierda del río Guadiana, controlando el vado del río y los pasos hacía Andalucía y Levante.

El poblamiento más antiguo se remonta a la Edad del Bronce Pleno, hacía el siglo IX a.e.c. En el siglo V a.e.c. la cultura ibérica oretana está plenamente consolidada en Alarcos, y es en los siglos IV-III a.e.c. cuando alcanza su máximo esplendor y desarrollo. La población aumenta y los espacios anteriormente dedicados a la necrópolis son ahora ocupados por viviendas.

A lo largo de este período se han documentado tres fases de ocupación, en la que se aprecian los cambios producidos en el poblado. La mayoría de los restos hallados pertenecen a la última fase de ocupación. Las casas son de forma rectangular, con una o dos habitaciones; poseen zócalos de piedra, paredes de adobe y techo vegetal.

Las casas se organizan en torno a calle principal pavimentadas con losas de cuarcita o caliza, con dirección norte-sur y tres bocacalles, dos al oeste y una el este. En su interior se han encontrado los materiales domésticos, como cerámicas, útiles de bronce y hierro, huesos, etc

A unos cien metros se localiza un espacio sagrado, lo que podía ser un santuario. Nos ha llegado en mal estado de conservación muy afectado por las construcciones posteriores. Es una estructura de aspecto monumental con forma rectangular, relleno de piedra, y enmarcado por una calle enlosada.

En su entorno aparecieron unos 60 exvotos de bronce, cerámicas de importación griega y restos de ofrendas. Los restos evidencian que el santuario estuvo un uso desde finales del siglo V hasta el siglo I a.e.c.

En el lado Sur del cerro se halla la necrópolis principal. De esta zona proceden las esculturas zoomorfas en piedra y el casco celtaitálico.

El asentamiento medieval data principalmente en el siglo XII y fue donde se produjo la batalla de Alarcos el 19 de julio del año 1195, que enfrentó a cristianos y almohades en la llanura que se ve entre Alarcos y Poblete.

El Castillo y los restos de la Villa de Alarcos  datan de la primera dominación islámica, de la que quedan algunos restos. A raíz de la conquista cristiana el castillo se vera sometido a un proceso de transformación que afectó a todas sus estructuras diseñado por Alfonso VIII.

El asentamiento fortificado fue construido rompiendo alguno de los restos de la ciudad oretana, y rodeado por una gruesa muralla de 3 m. de espesor.

En su construcción se aplicaron distintas técnicas. La primera de mampostería asentada directamente sobre la roca cuarcítica, y la segunda es una sucesión de muros encerados de piedra trabados con cal y puzolana le han dado ese aspecto grisáceo que posee. Las esquinas se reforzaron con sillares. La mayoría de la ciudad aún se encuentra oculta y tan sólo una pequeña parte de ésta ha sido sacada a la luz.

Conserva una de las puertas secundarias de la ciudad. La principal, probablemente, se localizaría algo más al sur.

Tras la victoria almohade y el posterior asalto a la villa, las fosas de cimentación de la muralla, que aún se encontraban abiertas, sirvieron como fosa común de los cuerpos tras el enfrentamiento. También se hallaron restos de puntas de flechas, lanzas, espadas, hoces para la recolección de la mies, adornos de la vestimenta, dados para el juego, flautas, botijas y cantimploras.

Los trabajos de excavación y restauración se vienen realizando en el yacimiento desde 1984.

Alarcos fue escenario de una de las batallas más significativas de la Edad Media cuyos restos forman un conjunto de armas único en Europa.

 
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